Hace unos días os contábamos que hoy y mañana hay un homenaje a Federico García Lorca en el Teatro del Mercado. Esta tarde he estado en la representación de La casa de Bernarda Alba, a cargo de la compañía de Teatro de Lo Imposible, que causalmente es un grupo formado por compañeros del IES Andalán.
Me ha hecho mucha ilusión verles de nuevo, sobre todo porque han madurado como actores y nos tenían absolutamente hipnotizados a todo el público.
La Casa de Bernarda Alba cuenta el drama de la familia de dicha casa tras la muerte del padre de cinco hermanas: Magdalena, Angustias, Martirio, Amelia y Adela. Bernarda, la madre, es una figura autoritaria que tiene en vereda a sus hijas, hasta que la mayor, Angustias, se promete con Pepe el Romano. Los celos y la envidia se desatan entre las hermanas, hasta que estas se olvidan de lo que las une. Pero el conflicto llega a su apogeo cuando Angustias descubre que su hermana pequeña, Adela, le está traicionado con su futuro marido. Una situación que termina en una grave disputa que se salda con el suicidio de la incomprendida Adela.
Bernarda: Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! (A otra hija.) ¡A callar he dicho! (A otra hija.) Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!
No es una obra de teatro fácil de representar, sobre todo por la desnudez de los actores ante la escasez de recursos en el escenario. La pieza incluye elementos decorativos tan austeros como son siete sillas de madera, en torno a las cuales se desarrolla la intriga. Desde la muerte el padre, hasta la muerte de la hija menor, el Teatro de Lo Imposible nos mantiene en vilo con la única preocupación de cómo se llevará a cabo el desenlace del conflicto.
Al fin y al cabo esa es la función del teatro: cambiar nuestras preocupaciones reales, por otras que no tengan que ver con nosotros.







